La desamortización de Madoz: causas, procesos y consecuencias
La desamortización de Madoz
La otra gran desamortización fue la de Pascual Madoz, que tuvo lugar durante el Bienio Progresista. El entonces ministro de Hacienda, Madoz, llevó a cabo otro proceso desamortizador que afectó también a las tierras y bienes de los municipios y del Estado. Esta Ley de Desamortización General fue aprobada a pesar de la oposición del clero católico.
Esta desamortización ponía en venta todos los bienes de la propiedad colectiva, los bienes eclesiásticos, los bienes de propios y comunes pertenecientes a los ayuntamientos y los bienes de la Corona. Estos bienes tenían como objetivo financiar el Estado y favorecer la industrialización del país y la expansión del ferrocarril.
La alta burguesía fue nuevamente la gran beneficiada, aunque aumentó la participación de los pequeños propietarios rurales en relación con la anterior desamortización de Mendizábal. Sin embargo, este proceso no sirvió para que las tierras se repartieran entre los menos favorecidos, porque no se trataba de abordar una necesaria reforma agraria. Aun así, produjo la expansión de la superficie cultivada y, por tanto, una agricultura algo más productiva.
Resultados del proceso
Los resultados no siempre fueron muy positivos:
- Se eliminó la propiedad comunal, provocando la ruina de los ayuntamientos al suprimir los ingresos por el arrendamiento de los bienes de propios.
- Perjudicó a los vecinos más pobres.
- Eliminó la propiedad eclesiástica.
- No solucionó el problema de la deuda pública.
- No supuso la necesaria reforma agraria, aunque trajo consigo la expansión de la superficie cultivada y, como resultado, cierto incremento de la producción agraria.
La burguesía fue el grupo social más beneficiado.
Esta ley fue suspendida en 1856 y volvió a reanudarse con O'Donnell como presidente. Su derogación definitiva se produjo en la década de 1920.
Consecuencias de las medidas desamortizadoras
Las consecuencias del proceso desamortizador pueden dividirse en el ámbito social, económico y cultural.
Consecuencias sociales
Se consolidó la estructura latifundista de la propiedad agraria en el centro y sur del país, mientras que el minifundio se impuso en el norte y noroeste. El proceso no sirvió, en general, para que las tierras se repartieran entre los campesinos, de forma que la burguesía compradora se convirtió en terrateniente y, en muchos casos, absentista.
La otra clase beneficiada fue la nobleza, al no ser expropiada de sus bienes y poder comprar más tierras tras suprimirse las leyes de mayorazgo.
Los pequeños campesinos salieron muy perjudicados, ya que no adquirieron nuevas propiedades y, además, sufrieron la pérdida del uso de los bienes comunales, que para muchos era vital, así como el endurecimiento de las condiciones de arrendamiento por parte de los nuevos propietarios. También se consolidó un proletariado agrícola de jornaleros con muy malas condiciones de trabajo.
Consecuencias económicas
Se produjo un aumento de la superficie cultivada y de la productividad agrícola, además de la mejora y especialización de los cultivos gracias a nuevas inversiones de los propietarios.
La burguesía fue la clase social más beneficiada, ya que pudo comprar cada vez más tierras, aunque esta inversión dejó sin capitalización a la naciente industria del país. Asimismo, se produjeron crisis económicas en los municipios, que perdieron una fuente importante de financiación y tuvieron que renunciar a prestar algunos servicios.
Consecuencias culturales
Se produjo una pérdida considerable de bienes culturales. Muchas obras fueron vendidas y acabaron en otros países, y numerosos edificios de interés artístico quedaron abandonados. También se transformó el modelo de ciudad, que contaba con mejoras urbanísticas como grandes edificios públicos y nuevas calles.