Fernando VII y la lucha entre absolutismo y liberalismo en España

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Fernando VII y la Constitución de 1812

3.1. La restauración del absolutismo (1814-1820)

Los liberales desconfiaban de la voluntad del monarca para aceptar el nuevo orden constitucional. Por ello, estaban dispuestos a viajar directamente a Madrid para defender la Constitución y jurar el nuevo marco político. Fernando VII temía enfrentarse a quienes durante seis años habían resistido al invasor, pero la nobleza y el clero absolutista sabían que el regreso del rey era su mejor oportunidad para deshacer el trabajo de Cádiz y volver al Antiguo Régimen.

Tras organizar el Manifiesto de los Persas para solicitar la anulación de la Constitución y movilizar a la población, Fernando VII, aprovechando la debilidad de los liberales, traicionó sus promesas. Con el Real Decreto del 4 de mayo de 1814, anuló la Constitución y las leyes de Cádiz, ordenando el arresto o ejecución de los principales líderes liberales, mientras otros partían al exilio.

El retorno al Antiguo Régimen

La monarquía restauró las instituciones feudales y la Inquisición, en un contexto internacional marcado por el Congreso de Viena y la Santa Alianza (1815), que garantizaba la defensa del absolutismo y el derecho de intervención para frenar el liberalismo.

A partir de 1815, el gobierno de Fernando VII enfrentó un objetivo imposible: reconstruir un país devastado por la guerra, con la agricultura arruinada, el comercio paralizado, la hacienda en quiebra y las colonias en lucha por su independencia. La pérdida de vidas humanas y la falta de recursos, agravada por los gastos militares en América, provocaron el fracaso constante de sus gobiernos.

Los cambios sociales fueron evidentes: los campesinos dejaron de pagar rentas señoriales, la burguesía urbana exigía el orden constitucional y los militares, influenciados por la guerrilla, se convirtieron en defensores de las reformas. Los pronunciamientos liberales (Mina, Lacy, Porlier, Vidal) y las revueltas urbanas y rurales evidenciaron el colapso de la monarquía absoluta.

4.2. El Trienio Liberal (1820-1823)

El 1 de enero de 1820, el coronel Rafael del Riego, al mando de tropas en Las Cabezas de San Juan (Sevilla) destinadas a combatir en América, se sublevó proclamando la Constitución de 1812. Ante la pasividad del ejército y la presión liberal, Fernando VII se vio obligado a jurar la Constitución el 10 de marzo.

Reformas y oposición

El nuevo gobierno liberal inició una importante labor legislativa:

  • Restauración de la libertad de industria.
  • Abolición de los gremios, los señoríos feudales y los mayorazgos.
  • Venta de tierras de monasterios.
  • Reforma del sistema fiscal, el código penal y el ejército.
  • Modernización administrativa y creación de la Milicia Nacional.

Estas reformas suscitaron la oposición del rey, quien utilizó su derecho de veto y conspiró contra el gobierno. Asimismo, el descontento campesino creció, ya que, aunque se abolieron los señoríos, no se facilitó el acceso a la tierra y la monetización de los impuestos dificultó la subsistencia. La nobleza y la Iglesia, perjudicadas por las reformas, lideraron la revuelta absolutista, formando en 1823 la Regencia de Urgel y movilizando a los voluntarios realistas.

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