El Sistema de la Restauración Borbónica y el Turnismo en España

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El régimen de la Restauración y el sistema canovista

La restauración de la monarquía con Alfonso XII (1875-1885) marcó un punto de inflexión tras el fracaso del Sexenio Democrático. Antonio Cánovas del Castillo preparó el terreno para el hijo de Isabel II, acelerando el proceso durante el gobierno de Serrano.

Principios de la Restauración

Cánovas ofreció un programa de reconciliación nacional, excluyendo únicamente a carlistas y republicanos radicales. Para consolidar el régimen, fue esencial el apoyo internacional (Francia y Austria-Hungría) y el respaldo del ejército tras el golpe de Martínez Campos. El Manifiesto de Sandhurst presentó a Alfonso XII como un monarca constitucional, respetuoso con el catolicismo liberal.

Cánovas concentró poderes en un ministerio-regencia, aplicando censura de prensa y buscando un equilibrio moderado bajo el lema de "paz y orden". El 14 de febrero de 1875, Alfonso XII entró en Madrid apoyado por las clases altas y la aristocracia, capitalizando el descontento social de la Primera República.

La Constitución de 1876

Fue una carta magna breve, flexible y pragmática, inspirada en el modelo doctrinario de 1845 pero con derechos de 1869. Se basó en la idea de la "Monarquía histórica española", donde el Rey y las Cortes compartían la soberanía. El monarca actuaba como moderador con amplios poderes (nombramiento de ministros, mando supremo del ejército y disolución de las Cortes).

  • Cortes: Divididas en Senado (senadores por derecho propio, vitalicios y por elección) y Congreso de los Diputados.
  • Cuestión religiosa: Se impuso una fórmula ambigua que mantenía la confesionalidad del Estado con cierta tolerancia religiosa.

Funcionamiento del sistema y fuerzas políticas

Inspirado en el modelo británico, el sistema se basó en el turnismo entre dos partidos dinásticos:

  • Partido Conservador: Liderado por Cánovas, heredero de los moderados y unionistas. Representaba a la burguesía y aristocracia.
  • Partido Liberal: Liderado por Sagasta, aglutinaba a progresistas y demócratas moderados. Su base social estaba en sectores industriales y comerciales.

El sistema garantizaba la estabilidad mediante la manipulación electoral, el caciquismo y el control de la administración, dejando fuera a carlistas, republicanos y movimientos regionalistas.

Regionalismos y movimientos sociales

  • Catalanismo: Impulsado por la Renaixença y figuras como Valentí Almirall. Evolucionó desde el tradicionalismo hacia el catalanismo político (Bases de Manresa, 1892) y la creación de la Lliga Regionalista.
  • Nacionalismo vasco: Fundado por Sabino Arana (PNV), con un carácter inicialmente tradicionalista, ultra-católico y de defensa de los fueros.
  • Movimiento obrero: Dividido entre el anarquismo (acción directa) y el socialismo (fundación del PSOE por Pablo Iglesias en 1879 y la UGT en 1888).

La Regencia de María Cristina (1885-1902)

Tras la muerte de Alfonso XII, el Pacto de El Pardo aseguró la continuidad del sistema. El "Parlamento Largo" de Sagasta impulsó reformas clave: sufragio universal masculino (1890), ley de asociaciones y reforma del código civil. A pesar de los intentos de modernización, el sistema enfrentó crisis coloniales (Cuba) y tensiones sociales que culminaron en el asesinato de Cánovas.

El caciquismo

El caciquismo fue el engranaje que permitió el turnismo. Los caciques, figuras influyentes en el ámbito local, manipulaban las elecciones mediante el fraude, la coacción y el clientelismo. Esta estructura garantizaba que la oligarquía mantuviera el poder, excluyendo a la "verdadera España" de la toma de decisiones políticas. La regla de oro era: "Para los enemigos, la ley; para los amigos, el favor".

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